martes 7 abril, 2026
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Por Rocío Zubieta y Fabian Fonseca

El pasado 1 de abril de 2026, un día antes del inicio de la Semana Santa, la plaza Sucre de Cochabamba se vistió de colores, aromas y sabores que hablan de tierra cuidada y tradición viva. En ese escenario, se llevó a cabo la Feria “Elemental”, una feria de alimentos que quiere promover el consumo de alimentos agroecológicos y libre de plaguicidas, y la misma está patrocinada por diversas organizaciones.

La Feria Agroecológica Elemental surgió con la campaña “Quita el veneno de tu plato”, lanzada en 2024 por el Movimiento Agroecológico Boliviano (MAB) y muchas de las instituciones asociadas, como un espacio exclusivo para productos libres de plaguicidas, superando el formato tradicional de feria para transformarse en un ámbito de vivencia agroecológica, con alimentos nutritivos, saberes tradicionales, expresiones culturales y fomento a la economía comunitaria. Este espacio se consolida como punto clave de conexión, diálogo y capacitación, donde se impulsan estilos de vida más sanos.

Productora exponiendo la variedad de producción en la feria Elemental, Imagen del MAB

En ese sentido, la jornada se convirtió en un espacio de resistencia silenciosa pero firme: la de aquellos productores que han dicho no al uso de plaguicidas y no a los largos circuitos de intermediación. Decenas de familias agricultoras, muchas de ellas lideradas por mujeres campesinas, ofrecieron sus productos frescos con una convicción profunda: la tierra no se negocia, se hereda; y la salud de quienes la habitan no es un lujo, sino un derecho.

“Mi compromiso es con la vida”, expresó una de las productoras presentes. “Yo decidí que en mi tierra no entraría ni una gota de veneno porque lo que quiero es que mis hijos y mi pueblo coman sano. No es un camino fácil, pero cuando veo a la gente agradecer por un producto limpio, entiendo que todo el sacrificio vale la pena”.

Consumidores adquiriendo frutos de temporada. Imagen del MAB

La Feria “Elemental” no solo mostró alimentos libres de plaguicidas, cultivados con bioinsumos y abonos orgánicos, sino que también ofreció un modelo de comercialización justo y directo: el precio justo llega íntegro al productor, sin revendedores de por medio. Técnicas de cultivo que respetan los ciclos naturales, el agua y la biodiversidad fueron el sello invisible de cada puesto.

Pero hubo un ingrediente novedoso en esta versión de la feria. Por primera vez, se puso especial atención en un actor clave que hasta ahora había permanecido en segundo plano: el consumidor. Y ahí entró en escena el IPDRS, que no trabaja directamente con productores, sino con quienes eligen cómo alimentarse. Su apuesta es clara: información accesible y conciencia crítica sobre lo que llega al plato de comida.

Bajo ese enfoque, la institución invitó al reconocido chef Emilio Garnica, conocido como “el Chef Sin Fronteras”, quien, junto a diversos profesionales en nutrición, ingeniería ambiental, agronomía y consumidores comprometidos, brindó orientación práctica sobre una alimentación libre de plaguicidas.

Chef Sin Fronteras adquiriendo productos agroecológicos
Chef Sin Fronteras adquiriendo productos agroecológicos. Imagen de CENDA
Chef Sin Fronteras cocinando con los productos de la feria
Chef Sin Fronteras cocinando con los productos de la feria. Imagen del MAB

La propuesta también incluyó juegos didácticos para adultos y una dinámica de trueque de productos naturales y transformados, donde el intercambio le dio un toque novedoso y lúdico a la feria, haciendo que los consumidores participen de manera activa. “Los juegos lúdicos premiados han sido una gran ayuda para las productoras”. Esta dinámica de involucrar a consumidoras a través del trueque de vales por productos frescos y transformados en palabras de Guadalupe Sermenio, “ha sido lo mejor de la Elemental”.

Consumidores de la feria aprenden jugando sobre los Limites Máximos de Residuos (LMRS). Imagen de Fabian Fonseca

De esta manera, la Feria “Elemental” se transformó en un laboratorio vivo de interacción entre quienes producen y quienes consumen, promoviendo circuitos cortos de comercialización que devuelven calidez y sentido a cada compra. El evento dejó una certeza compartida: iniciativas como esta merecen seguir creciendo, porque en cada semilla sin veneno, en cada trueque y en cada receta compartida, Cochabamba apuesta decididamente por la vida.

Consumidores de la feria aprenden jugando sobre plaguicidas y su impacto en la salud. Imagen de Rocío Zubieta

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