
Entre tejidos, historias y experiencias, artesanas guaraníes y chiquitanas se encuentran para aprender unas de otras. Este 21 y 22 de agosto, el intercambio Rutas del tejido reunió a artesanas de ambos pueblos indígenas para compartir técnicas, conocimientos, formas de organización y experiencias vinculadas a la producción y comercialización de sus artesanías.
Durante estos dos días, las artesanas guaraníes conocieron de cerca el trabajo de diferentes grupos y emprendimientos chiquitanos, sus espacios de producción y las formas en que han logrado vincular la artesanía con la identidad cultural, el territorio y el turismo vivencial. La experiencia de Raíces Chiquitanas – Ruta Turística Vivencial despertó especial interés al mostrar que una pieza artesanal puede ser también una forma de contar la historia de un pueblo, compartir sus saberes y acercar a visitantes a sus territorios.
El encuentro permitió reconocer que, aunque existen similitudes entre algunas prácticas textiles guaraníes y chiquitanas, cada pueblo conserva técnicas, materiales y conocimientos propios. Por ejemplo, las participantes identificaron diferencias en los procesos de tejido y acabado, así como en los materiales utilizados: mientras las artesanas chiquitanas trabajan principalmente con algodón, las tejedoras guaraníes utilizan hilo.
Más que comparar las artesanías, el intercambio permitió reconocer el valor de los saberes propios y descubrir nuevas posibilidades a partir de la experiencia de otras mujeres. Las conversaciones también abordaron la transmisión de conocimientos a niñas y jóvenes, la valoración del trabajo artesanal, la innovación, la promoción de productos y las oportunidades de articular la artesanía con otras expresiones culturales.
Aprender de otros territorios
El recorrido incluyó el encuentro con cuatro experiencias de artesanas y organizaciones chiquitanas: Hans Roth, Notas Chiquitanas, AMPAC y La Casa de Asunta, cada una con características, productos y espacios de vivencia propios.
En estos espacios, las participantes pudieron conocer no solo las piezas que elaboran, sino también las historias, conocimientos y procesos que existen detrás de ellas. Esta mirada permitió reflexionar sobre cómo la artesanía puede trascender la elaboración de un producto para convertirse en una experiencia que comunica la identidad de un territorio.
Para las artesanas guaraníes, uno de los principales aprendizajes fue precisamente conocer cómo las experiencias chiquitanas han encontrado formas de mostrar sus raíces y compartirlas con visitantes. A partir de ello, surgieron nuevas preguntas sobre cómo sus propios tejidos, conocimientos y territorios pueden también convertirse en parte de experiencias de turismo comunitario y vivencial.



Dos pueblos, muchos saberes
El intercambio también permitió poner en valor las particularidades de cada tradición textil. Las participantes observaron que, aunque pueden existir instrumentos o procedimientos similares, las técnicas, los acabados, los materiales y los significados asociados al tejido responden a historias y contextos territoriales diferentes.
Estas diferencias se convirtieron en una oportunidad para aprender y valorar la diversidad de conocimientos que mantienen vivas las artesanas de ambos pueblos.
El interaprendizaje entre territorios permitió así no solo conocer otras formas de hacer artesanía, sino también mirar las propias prácticas desde nuevas perspectivas. Cada participante pudo llevarse algo de la experiencia compartida: una técnica, una idea, una forma diferente de organizarse o una nueva posibilidad para fortalecer y mostrar su trabajo.
El encuentro forma parte del proceso de acompañamiento del Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica (IPDRS) a las artesanas tejedoras guaraníes del Chaco boliviano, orientado a fortalecer el tejido como patrimonio cultural, práctica productiva y fuente de autonomía económica para las mujeres.
El IPDRS agradece a las artesanas y organizaciones chiquitanas por abrir sus espacios y compartir sus conocimientos; a la comunidad anfitriona por su recibimiento y hospitalidad; y al CEPAD, por acompañar este proceso y facilitar el acercamiento a la experiencia de la Ruta Raíces Chiquitanas.
Porque cuando las artesanas se encuentran, no solo se comparten tejidos, también se comparten historias, conocimientos y formas de habitar y valorar los territorios.




