miércoles 30 septiembre, 2026
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Flavia Zavala

La Unidad Educativa de Kururuy, ubicada en la Autonomía Indígena de Huacaya, recibió la visita del IPDRS, de autoridades de la autonomía y de la Capitanía Zona Huacaya. Durante la visita se realizó la entrega formal de una impresora para apoyar las actividades escolares, se visitó sus huertos, se realizó una pequeña feria y se compartieron aprendizajes sobre la captura de señal 2G de la profesora Inés Esposo y sus estudiantes. 

Una visita para conocer las iniciativas de la comunidad educativa

Una de las últimas comunidades de Huacaya es Kururuy. Allì, se encuentra la Unidad Educativa de Kururuy, una comunidad educativa ubicada en una zona alejada y con dificultades para acceder a servicios de conectividad. Hasta allí llegó una delegación conformada por autoridades de la ATIOCGCH, entre ellas la Mburuvicha (lideresa en guaraní) Teodora González, la Mburuvicha Ejecutiva Valentina González y la Mburuvicha de Educación Zonal de Huacaya, Teodora Zenteno, junto al equipo técnico del IPDRS del Chaco, para compartir una jornada de intercambio con estudiantes y docentes.

Durante la visita, fueron las y los estudiantes quienes se encargaron de mostrar su escuela. El recorrido permitió conocer dos huertos orgánicos donde cultivan verduras y que son cuidados colectivamente por estudiantes de distintas edades. El trabajo en estos espacios forma parte de sus actividades cotidianas y permite que niñas, niños y jóvenes participen directamente en el cuidado y cultivo de los alimentos.

Cuando el territorio también abre una puerta a internet

El recorrido también llevó a conocer una iniciativa que refleja de manera particular la forma en que la unidad educativa aprovecha las posibilidades de su territorio. El colegio no cuenta con acceso convencional a internet y la señal disponible en la zona es muy limitada. Ante esta dificultad, estudiantes, docentes y familias identificaron un punto específico donde era posible captar señal y decidieron convertirlo en un espacio permanente de conexión.

Se construyó un pequeño puesto en el lugar, donde se instaló una antena elaborada con aluminio reciclado y se acondicionó el espacio con una mesa y una silla sencillas. La señal a la que se accede de esta forma solo llega a un sector determinado y puede perderse con unos pocos metros de desplazamiento. Incluso es necesario realizar algunos ajustes en la configuración de los datos móviles para conseguir la conexión.

De esta manera nació su propio punto de acceso a internet: un lugar al que estudiantes y docentes acuden cuando necesitan conectarse, buscar información o realizar actividades que requieren acceso a la red. La solución surgió a partir de la observación del territorio, el trabajo colectivo y los recursos que tenían a su alcance.

Una solución construida desde las propias posibilidades

Esta experiencia permite mirar la conectividad desde otra perspectiva. La falta de acceso convencional a internet y tecnología representa una dificultad concreta para una comunidad educativa alejada, pero la respuesta construida por sus integrantes también muestra su capacidad para encontrar alternativas a partir de sus propias condiciones.

No se trata únicamente de contar con una señal, sino de haber creado colectivamente un espacio que amplía las posibilidades de aprendizaje y permite establecer un vínculo con información y conocimientos que se encuentran más allá de la comunidad.

Aprender también es compartir la cultura

El intercambio continuó con una demostración de bailes tradicionales preparada por las y los estudiantes, quienes compartieron parte de las expresiones culturales que forman parte de su vida comunitaria.

De esta manera, la jornada permitió conocer distintas dimensiones de la experiencia educativa en Kururuy: el trabajo en los huertos, la búsqueda de alternativas para acceder a internet y la transmisión de prácticas culturales.

Acompañar los procesos educativos del territorio

Como parte de la visita, las autoridades realizaron la entrega de materiales escolares y snacks para las y los estudiantes. Por su parte, el IPDRS entregó mochilas, además de una impresora y tintas destinadas a apoyar las actividades de la unidad educativa.

El acompañamiento busca contribuir al fortalecimiento de la formación de niñas, niños y jóvenes de Huacaya, reconociendo también las iniciativas que la propia comunidad educativa viene desarrollando.

En Kururuy, los espacios de cultivo, el punto de conexión a internet y las actividades culturales son parte de una experiencia en la que estudiantes, docentes y familias participan activamente en la construcción de herramientas para aprender.

En medio de las distancias y las particularidades de un territorio alejado, la comunidad educativa de Kururuy continúa generando sus propias respuestas. Con los recursos disponibles, organización y creatividad, convierte las posibilidades de su entorno en espacios que fortalecen la educación y mantienen abierta la conexión con otros conocimientos y experiencias.

Como IPDRS, nos alegra saber que, después de esta visita, la impresora está siendo muy útil para las actividades educativas de la Unidad Educativa de Kururuy. Actualmente, por ejemplo, se están imprimiendo mandalas para desarrollar trabajos con estudiantes con discapacidad, una iniciativa sencilla pero muy significativa.

Esta acción forma parte del trabajo impulsado por el IPDRS con la colaboración de Manos Unidas, el Ayuntamiento de Sabadell y la Diputación de Jaén.

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