miércoles 8 abril, 2026
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Iver Pedraza

El 8 de abril, en la comunidad indígena tacana de Naranjal, municipio de San Lorenzo, fue inaugurada la Casa de la Memoria, un espacio impulsado por las mujeres de la Asociación NARASHU para fortalecer la organización comunitaria, la autonomía económica y la recuperación de los saberes y la memoria territorial.

La jornada reunió a 36 personas de cinco asociaciones productivas de mujeres de San Lorenzo: NARASHU, EINA, MIAADSS, APAPLA y Mujeres Emprendedoras de Naranjal, además de autoridades de la comunidad e instituciones que acompañaron el proceso.

La Casa de la Memoria nace de una preocupación compartida por las mujeres de Naranjal frente a la pérdida progresiva de conocimientos, relatos, prácticas culturales e incluso de la lengua tacana. Por ello, fue pensada como un lugar donde las nuevas generaciones puedan encontrarse con la memoria de las abuelas y los abuelos, aprender de sus historias y mantener vivos conocimientos vinculados al bosque, los frutos amazónicos, las fibras vegetales, las plantas medicinales, la alimentación y las formas tradicionales de hacer y vivir en el territorio.

Pero la memoria, para las mujeres de NARASHU, no se limita a conservar objetos o recordar el pasado. La Casa busca que esos conocimientos continúen practicándose, compartiéndose y generando oportunidades en el presente. Por eso, el espacio permitirá desarrollar procesos de formación, encuentros comunitarios, elaboración y comercialización de productos, artesanías y transformados a partir de bienes del bosque. En sus ambientes encontramos tejidos con fibras vegetales, trabajos con semillas, conocimientos sobre cerámica ymedicinas naturales, así como experiencias de elaboración de cosmética y otros productos derivados de frutos amazónicos.

Este vínculo entre memoria y autonomía económica es uno de sus principales sentidos. La Asociación NARASHU surgió como una estrategia de las mujeres para generar ingresos propios y aportar a la economía de sus hogares y comunidad. Con el tiempo, sus integrantes desarrollaron productos como jabones, aceites, champús, licores de frutas locales y artesanías elaboradas con semillas del bosque. La Casa les brinda ahora un espacio propio para producir, encontrarse, intercambiar conocimientos y mostrar lo que hacen.

Su importancia está también en cómo fue construida. Las mujeres participaron directamente en el proceso, desde la preparación y medición del terreno hasta diferentes labores de construcción, articulando posteriormente el trabajo de sus familias y de la comunidad. El propio proceso permitió compartir conocimientos, fortalecer los vínculos colectivos y reafirmar el sentido de pertenencia al territorio.

La Asociación NARASHU, presidida por Angélica Mori, será responsable de administrar y cuidar este espacio. Para ello elaboró un reglamento de uso que prioriza la comercialización, el fortalecimiento de capacidades y la revitalización de la memoria territorial, buscando que la Casa permanezca al servicio de las mujeres y de la comunidad, y contribuya al empoderamiento de las mujeres del norte amazónico.

En la inauguración participaron el presidente de la comunidad de Naranjal, Maikol Queteguari, junto a su directiva; la presidenta de NARASHU, Angélica Mori; por el IPDRS, el Coordinador general Oscar Bazoberry, la Subcoordinadora general Ruth Bautista y el equipo técnico territorial; además de Sofia Bruni, en representación de Pan para el Mundo (PPM).

Así, la inauguración de la Casa de la Memoria representa mucho más que la apertura de una nueva infraestructura: es la consolidación de un espacio construido desde las mujeres para cuidar la memoria, transmitir conocimientos, fortalecer su economía y mantener viva la relación entre cultura, comunidad y territorio amazónico. En Naranjal, recordar también se convierte en una forma de organizarse, producir y proyectar el futuro.

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