Presentamos la segunda y última entrega de los testimonios del curso“Perspectivas de la Justicia Climática para la Defensa de Derechos y Territorios”. Tras culminar el curso, abrimos este espacio donde se muestran las vivencias y realidades de nuestros cursantes.
La voz de los territorios: Testimonios que transforman
Se invitó a los cursante a participar de una actividad voluntaria enviando sus testimonios en formato de texto y audio, con el objetivo de visibilizar cómo el cambio climático afecta directamente a sus comunidades y territorios.
Con esta segunda y última entrega, concluimos la presentación de estos valiosos testimonios. Cada una de estas voces plasma los desafíos que se viven en distintos puntos de la región.
A continuación, les invitamos a conocer los relatos finales:

📝Testimonios escritos :
👩 Liz Cuadiay Arias 📍 [Bolivia – 20 años]
Quiero compartir una experiencia relacionada con los efectos del cambio climático y las pérdidas que hemos vivido debido a las sequías.
Durante los últimos años he observado cómo las sequías se han vuelto más frecuentes y más intensas. Los arroyos que antes tenían agua durante gran parte del año comenzaron a secarse por largos períodos, afectando a muchas familias que dependen de este recurso para sus actividades diarias. Esta situación ha generado preocupación, incertidumbre y dificultades para la comunidad.
La disminución del agua también afecta a la vegetación y a los animales, provocando cambios en el entorno natural que antes no eran tan evidentes. Ver cómo se deterioran los recursos naturales nos hace comprender que el cambio climático ya no es algo lejano, sino una realidad que impacta directamente nuestras vidas.
Considero que estas situaciones representan daños y pérdidas que muchas veces no son reconocidos suficientemente. Las comunidades que dependen de la naturaleza para vivir suelen ser las más afectadas por las sequías, inundaciones, incendios y otros fenómenos climáticos, aunque no sean quienes más contribuyen a la contaminación ambiental.
Por eso, para mí la justicia ambiental que todas las personas deben tener las mismas oportunidades de acceder al agua, a un ambiente sano y a medidas de apoyo frente a los impactos del cambio climático. También escuchar a las comunidades y tomar en cuenta sus necesidades y experiencias.
Creo que es importante fortalecer el cuidado de los recursos naturales, promover la reforestación, proteger las fuentes de agua y desarrollar acciones que ayuden a las comunidades a adaptarse a estos cambios. Cada esfuerzo cuenta cuando se trata de proteger nuestro futuro.
Comparto este testimonio con la esperanza de que más personas tomen conciencia sobre la importancia de cuidar el medio ambiente y actuar frente al cambio climático. Lo que hoy hacemos por la naturaleza será fundamental para las próximas generaciones.
Liz Cuadiay Arias 🌎💧🌱
👩 Tania Carolina Godoy 📍 [Paraguay – 49 años]
Transición energética sin justicia. El caso Itaipú y el despojo del Pueblo Avá Guaraní Paranaense.
Con la construcción de la hidroeléctrica Itaipú Binacional, el Pueblo Avá Guaraní Paranaense (pueblo indígena transfronterizo que ancestralmente habitó la ribera del río Paraná) acumuló pérdidas que ningún mercado puede tasar y que ninguna compensación económica ha intentado siquiera reconocer. Cuando la empresa inundó 143.878 hectáreas de territorio ancestral entre 1975 y 1982, sumergió los cementerios donde descansaban sus ancestros, los sitios ceremoniales donde se renovaban los vínculos con el monte y el río, y lugares sagrados como el Salto 7 Caídas, espacio de conexión espiritual con los dioses y con la naturaleza, que forma parte de una cosmovisión que entiende el río Paraná como un ser vivo. Se fueron con el agua los saberes sobre plantas medicinales que murieron con quienes no pudieron transmitirlos, y las palabras en guaraní que nombraban esos lugares. Son pérdidas culturales, espirituales y territoriales irreversibles, daños que no tienen precio, pero sí responsables.
Más de cuatro décadas después, esos responsables no han respondido de manera proporcional. Paraguay apenas adquirió 2.000 hectáreas frente a las 78.000 inundadas; Brasil, solo ante una acción judicial, se comprometió a adquirir 3.000 hectáreas de emergencia frente a una reivindicación de al menos 50.000. Y mientras tanto, Itaipú genera una de las mayores producciones hidroeléctricas del mundo con ingresos que sostienen presupuestos nacionales enteros, pero ninguna porción significativa de esa riqueza llega a las familias y comunidades cuyo territorio hizo posible su existencia. La justicia ambiental, en este caso, no es una promesa incumplida, es una promesa que nunca se hizo.
Sobre ese despojo acumulado, el cambio climático opera como un multiplicador de daños que recae sobre quienes menos lo causaron. Para estas comunidades, este flagelo no comenzó con las sequías o los incendios, sino el día que las expulsaron de sus tierras/territorio y destruyeron sus bosques, porque fue entonces cuando perdieron también la capacidad de adaptarse y resistir. Hoy los peces escasean en el Paraná, las lluvias ya no llegan en su época, las inundaciones extremas arrasan lo poco que logran producir, y las plantas medicinales del Bosque Atlántico desaparecen bajo la deforestación indiscriminada. Son comunidades que contribuyeron mínimamente a la crisis climática, pero la absorben de manera desproporcionada, sin los territorios, los saberes ni los lazos comunitarios que les habrían permitido enfrentarla con mayor resiliencia. Eso también es un daño. Eso también es una pérdida derivada del despojo y la transformación de su territorio.
Sin embargo, no han dejado de resistir y de exigir justicia. Organizados binacionalmente, llevaron su voz a la COP30 en Belém do Pará y conquistaron un precedente histórico en 2025, el Estado brasileño e Itaipú Binacional se comprometieron a financiar la compra de tierras de emergencia y emitieron un pedido público de disculpas reconociendo su responsabilidad con el pueblo indígena, un reconocimiento que las comunidades paraguayas exigen que se replique sin demora y con igualdad de trato en ambos países. Su mensaje es claro: la justicia climática global no puede construirse sin justicia territorial local, y ninguna transición energética puede llamarse justa si se construyó y se sostiene sobre el despojo de un pueblo que no fue consultado, no fue compensado y sigue sin ser reparado.
Tania C. Godoy
👩 Liz Anyela Guarena Lijeron 📍 [Bolivia – 17 años]
Mi nombre es Liz Angela Guarena Lijerón.
Quiero compartir mi experiencia sobre cómo el cambio climático y los problemas ambientales afectan a mi comunidad y a nuestra vida diaria. En los últimos años hemos podido observar que las condiciones del clima ya no son las mismas que antes. Las lluvias llegan en épocas diferentes, algunas veces son demasiado intensas y provocan inundaciones, mientras que en otras ocasiones hay largas temporadas de sequía que afectan a las familias y a las actividades productivas.
Estos cambios generan daños y pérdidas importantes, especialmente para las personas que dependen de la agricultura y de los recursos naturales para su sustento. Cuando las cosechas se ven afectadas por la falta o el exceso de lluvia, muchas familias enfrentan dificultades económicas. Además, la escasez de agua y la degradación del medio ambiente también afectan nuestra salud y bienestar.
La defensa de nuestros territorios también es una forma de proteger nuestra identidad, nuestros recursos y el futuro de las próximas generaciones. Como joven, creo que todos podemos aportar con pequeñas acciones, como cuidar el agua, reducir la contaminación, reciclar y participar en actividades de concientización ambiental.
Considero que la justicia ambiental es un tema muy importante porque todas las personas tenemos derecho a vivir en un entorno sano y seguro. Sin embargo, muchas veces las comunidades más vulnerables son las que sufren las mayores consecuencias del cambio climático, aun cuando son las que menos contribuyen a generar este problema. Por ello, es fundamental que existan acciones y políticas que apoyen a quienes enfrentan estas dificultades.
Espero que nuestras voces sean escuchadas y que se tomen medidas concretas para enfrentar los efectos del cambio climático. Cuidar la naturaleza es una responsabilidad compartida y una necesidad para garantizar una mejor calidad de vida para todas las personas y para las generaciones futuras. 🌎💚
👩 Maria Elena Arrueta Veizaga 📍 [Bolivia – 47 años]
Nosotras, queremos compartir nuestras vivencias y abrir el corazón sobre lo que significa sostener la vida en un territorio marcado por la expansión urbana, la degradación ambiental y el creciente estrés hídrico.
El cambio climático nos afecta directamente: los suelos se desgastan, el agua escasea y nuestras cosechas enfrentan riesgos cada vez mayores. En medio de estas dificultades, hemos decidido organizarnos para practicar la agricultura orgánica, sostener un vivero colectivo y abrir la Escuela Viva. Estos espacios nos permiten regenerar la tierra, recuperar semillas nativas y aprender junto a la naturaleza, inspirando a otras comunidades a seguir este camino.
Queremos profundizar en cómo estas realidades impactan nuestra vida cotidiana:
– La falta de agua nos obliga a innovar en técnicas de riego y cuidado de cultivos.
– La presión urbana nos reta a defender cada metro de tierra como un acto de resistencia.
– La degradación ambiental nos impulsa a ser guardianas de la biodiversidad y portadoras de saberes ancestrales.
Para nosotras, constituirnos en la reserva cultural y ambiental de los valles bajos de Cochabamba es más que un sueño: es una necesidad vital. Queremos que se reconozca que nuestras prácticas no solo alimentan a nuestras familias, sino que también defienden el territorio y la memoria de nuestras abuelas.
🎙️ Testimonios en Audio:
👨 Williams Colque Bernal 📍 [Bolivia – 62 años]
🧑 Henrry Maycon Vásquez Tibi 📍 [Bolivia – 33 años]
👩 Zaida Gamarra vargas 📍 [Bolivia – 33 años]




