jueves 23 julio, 2026
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Dulce DZohany Cházaro Romero

¿Qué ocurre cuando las juventudes rurales piensan la inteligencia artificial desde sus propios territorios? Esa fue la pregunta que atravesó el XV Concurso Sudamericano para Jóvenes del IPDRS, cuya premiación se realizó el 22 de julio mediante una transmisión en vivo por Facebook, reuniendo propuestas que vinculan tecnología, memoria e identidad.

La convocatoria reunió 76 trabajos provenientes de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador Perú y Venezuela, donde jóvenes investigadores, artistas y profesionales compartieron experiencias nacidas en sus comunidades para reflexionar sobre los desafíos que plantea la inteligencia artificial desde las ruralidades.

Durante la ceremonia de premiación, Alejandra Salinas, representante de Oxfam Bolivia e integrante del jurado, destacó que los trabajos sorprendieron por la diversidad de enfoques y, sobre todo, porque situaron la inteligencia artificial en la vida cotidiana de los territorios.

“Muchos ensayos nos invitaron a pensar en aquello que no aparece en internet. No todo el conocimiento está digitalizado; existen saberes que siguen vivos porque se transmiten de generación en generación.”

Para Alejandra Salinas, uno de los principales aportes del concurso fue demostrar que la inteligencia artificial no puede analizarse únicamente desde la tecnología, sino también desde las desigualdades, las lenguas, las memorias y las formas propias de producir conocimiento.

“La conversación cambia cuando se construye desde la comunidad campesina, desde los pueblos indígenas y desde las lenguas que todavía tienen poca presencia en los entornos digitales.”

Cuando la IA no reconoce a los pueblos

Una de las experiencias que mejor reflejó esa preocupación fue la presentada por la boliviana Alejandra Perales, ganadora del tercer lugar en la categoría Ensayo.

Mientras trabajaba junto a jóvenes tacanas en Tumupasa, pidió a diferentes plataformas de inteligencia artificial que generaran imágenes de personas de su pueblo. Ninguna logró representarlas correctamente.

Aquella experiencia dio origen a su ensayo “Error 408. Indígena tacana no encontrado”, donde plantea que el problema no está únicamente en la tecnología, sino en la ausencia de información construida desde los propios territorios.

“No debemos ver a la inteligencia artificial solamente como un enemigo; también podemos enseñarle quiénes somos y convertirla en una aliada.”

Una preocupación similar compartió Zarina Robledo y Cristian Ledesma, de Argentina, quienes obtuvieron el tercer lugar con un ensayo basado en su experiencia de trabajo junto al pueblo wichí.

Durante años han desarrollado procesos de traducción en el ámbito de la salud intercultural y comprobaron que una lengua no solo comunica palabras, sino formas de comprender el mundo.

“La interculturalidad no consiste solamente en traducir idiomas; significa construir puentes entre distintos saberes.”

Para ambos investigadores, muchas lenguas indígenas continúan siendo invisibles para las plataformas digitales, por lo que la construcción de tecnologías más inclusivas requiere trabajar directamente con las comunidades que mantienen vivos esos conocimientos.

Tecnología para fortalecer, no para reemplazar

Las propuestas presentadas durante el concurso también coincidieron en una idea: la inteligencia artificial no es un enemigo inevitable, sino una herramienta cuyo impacto depende de cómo y para quién se utilice.

Esa perspectiva estuvo presente en el trabajo del boliviano Carlos Olivera Caballero, quien obtuvo el segundo lugar en la categoría Ensayo con Japu Ã: El monstruo que llegó en una imagen: cómo los jóvenes de Okinawa Uno convirtieron a la inteligencia artificial de ladrón en superhéroe”.

Su investigación surgió de talleres realizados con jóvenes de Okinawa Uno, en Santa Cruz, donde la circulación de imágenes falsas generadas con inteligencia artificial comenzó a afectar a la comunidad.

“La inteligencia artificial no es un villano; los jóvenes pueden convertirse en quienes enseñen a otros a usarla responsablemente.”

Por su parte Frank Pierre Cárdenas, ganador del primer lugar, cuyo ensayo puso en el centro una pregunta clave: ¿quién decide sobre los conocimientos que alimentan la inteligencia artificial? A partir del caso del pueblo shipibo-konibo, analizó cómo los saberes ancestrales pueden ser utilizados por estos sistemas sin el consentimiento de las comunidades, convirtiendo la información cultural en un nuevo territorio de extracción.

Frente a este escenario, propuso avanzar hacia tecnologías desarrolladas junto a los pueblos y desde sus propias realidades. “Pensé que estaba estudiando tecnología, pero terminé estudiando algo mucho más profundo: la relación entre conocimiento, poder y justicia”, expresó.

La memoria también se dibuja

Durante el momento de comentarios sobre la categoría de carteles, Flavia Zavala, integrante del IPDRS y parte del jurado calificador, destacó que las propuestas ganadoras lograron plantear una mirada distinta sobre la relación entre inteligencia artificial y territorio. Señaló que los trabajos no presentaron a la tecnología y a las comunidades como espacios separados, sino que invitaron a reflexionar sobre los conocimientos que nacen desde los territorios y que también forman parte de la información con la que se construye la IA.

Asimismo, resaltó que los carteles pusieron en el centro la vida, la memoria y los saberes comunitarios, mostrando que los territorios no solo generan información, sino también conocimientos que muchas veces no pueden reducirse únicamente a datos.

Las reflexiones continuaron, pero desde las voces de las ganadoras en la categoría Cartel, donde las imágenes se transformaron en otra forma de narrar la relación entre tecnología, territorio y conocimiento.

La colombiana Vxanxy Anael Yael Cuchillo Salazar, ganadora del primer lugar, presentó una obra inspirada en las enseñanzas del pueblo nasa. Su propuesta reivindica la inteligencia ancestral construida desde la espiritualidad, el trabajo colectivo, la música, el tejido, la siembra y el cuidado de la naturaleza.

“La inteligencia ancestral nos recuerda que existen otras formas de construir conocimiento desde la experiencia colectiva, la memoria y el cuidado de la Madre Tierra.”

Por su parte, la boliviana Adriana Herbas, quien logro el segundo lugar, invitó a reflexionar sobre los lugares donde los pueblos resguardan su conocimiento. A través de las semillas, las montañas y la memoria familiar mostró que no toda la información puede convertirse en datos digitales.

“Hay conocimientos que solo se aprenden viviendo el territorio”, explicó al compartir la historia de su abuela y la pérdida de variedades tradicionales de papa.

El tercer lugar fue para Selena Guzmán Calle, quien puso en el centro de su cartel a las personas mayores de su comunidad como guardianas de la memoria colectiva.

Su experiencia nació al grabar los rezos en quechua de una comunaria para evitar que desaparecieran con el paso del tiempo.

“Si nosotros no compartimos nuestras tradiciones, para la inteligencia artificial es como si no existieran.”

Un concurso que mira hacia el futuro

Al cerrar la ceremonia, Ruth Bautista Durán, subcoordinadora del IPDRS, destacó la alegría de llegar a la decimoquinta versión de un concurso que, con el paso de los años, se ha convertido en un espacio donde las juventudes pueden compartir sus miradas, investigaciones y propuestas sobre las realidades rurales de Sudamérica.

También menciono que los trabajos presentados confirmaron que el campo no puede seguir siendo entendido como un espacio estático o alejado de los cambios actuales. Por el contrario, las propuestas mostraron territorios vivos, donde jóvenes campesinos, indígenas y afrodescendientes están construyendo nuevas formas de comprender y responder a los desafíos que atraviesan sus comunidades.

Durante su intervención, resaltó que la defensa del territorio también implica reconocer los saberes, conocimientos y experiencias que forman parte de la vida de los pueblos. En esa línea, recordó las palabras del geógrafo brasileño Carlos Walter Porto-Gonçalves: “Nuestra lucha no solamente es política, sino epistémica”.

Asimismo, agradeció el acompañamiento de We Effect, Humundi, Pan para el Mundo (Brot Für die Welt) y Oxfam Bolivia, aliados que hicieron posible esta nueva edición del concurso y que contribuyen a mantener estos espacios que son necesarios para la mantener iniciativas dirigidas a las y los jóvenes sudamericanos.

Finalmente, anunció que el IPDRS ya trabaja en la próxima convocatoria del Concurso Sudamericano para Jóvenes 2027, con el objetivo de seguir abriendo espacios para que las juventudes compartan sus investigaciones, ideas y propuestas desde sus propios territorios.

Si te perdiste la premiación, puedes revivir la transmisión completa en el siguiente video y conocer a las y los ganadores de esta edición del Concurso Sudamericano para Jóvenes del IPDRS.

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