miércoles 29 abril, 2026
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En el marco del seminario–taller virtual “Vocería Estratégica y Comunicación para el Desarrollo Territorial”, el lunes 27 de abril se desarrolló la séptima sesión, correspondiente al tema 4: La comunicación efectiva para proyectos de desarrollo e incidencia. La facilitación estuvo a cargo de Daira Cuéllar Cossio, psicóloga y lideresa juvenil del Chaco, promotora de la salud mental, la identidad indígena y el desarrollo sostenible, quien propuso un acercamiento cercano y profundamente personal al ejercicio de la comunicación.

La sesión, titulada “Tomar la palabra: comunicación con identidad y propósito”, partió de una reflexión inspirada en el pensamiento de la lideresa indígena miskita Myrna Cunningham, una de las voces más influyentes en la defensa de los derechos de las mujeres indígenas en América Latina. Desde esta perspectiva, la comunicación fue abordada no solo como una herramienta técnica, sino como una estrategia de vida, un ejercicio de autodeterminación y una acción política transformadora.

En este sentido, se destacó que la comunicación indígena permite descolonizar y despatriarcalizar las relaciones de poder. Cuando las mujeres indígenas toman la palabra, no solo informan: educan, cuestionan y proponen otras formas de entender el mundo desde su visión.

La sesión inició con un diálogo horizontal en el que las participantes se presentaron a partir de preguntas clave: ¿quién cuenta hoy nuestra historia?, ¿qué palabras de nuestra lengua son fundamentales para nuestra incidencia?, ¿a quién necesitamos que nos escuche para generar cambios?, ¿cuándo nuestra incidencia se vuelve real? Estas reflexiones permitieron reconocer que la identidad —expresada en la lengua, la vestimenta y la palabra— constituye el primer acto de liderazgo.

Asimismo, se destacó que la incidencia comienza en lo cercano: en convencerse a una misma, dialogar con el entorno inmediato y proyectar la voz hacia otros espacios. Se vuelve real cuando la palabra se articula colectivamente y logra convocar y organizar desde los saberes propios.

Uno de los ejes centrales fue entender la comunicación como un ejercicio de poder político. Desde esta mirada, se abordaron aspectos clave como la incidencia política interseccional, que articula dimensiones culturales, económicas y políticas; y el fortalecimiento del liderazgo mediante estrategias de comunicación que integren tanto medios tradicionales como nuevas tecnologías, promoviendo la participación de mujeres en espacios de decisión. También se resaltó la importancia de la identidad y la lengua propia como actos de resistencia y soberanía cultural, así como la necesidad de comprender el contexto territorial —comunidad, escuela, centros de vida cotidiana— para una incidencia efectiva.

Finalmente, se identificaron barreras que limitan la participación de las mujeres, como la discriminación estructural, los roles culturales tradicionales y la falta de autoestima. También se destacó la existencia de barreras lingüísticas en los espacios de incidencia, donde muchas veces se impone el uso del español, invisibilizando las lenguas originarias. A ello se suma la brecha digital, que limita el acceso a herramientas tecnológicas necesarias para amplificar la voz en contextos contemporáneos.

Frente a estos desafíos, la sesión propuso avanzar hacia un proceso de empoderamiento basado en la comunicación propia, que permita a las mujeres no solo hablar, sino ser escuchadas y reconocidas como autoridades en sus territorios. Para ello, se planteó la importancia de construir mensajes claros a partir de tres preguntas fundamentales: ¿qué digo?, ¿para quién?, ¿para qué?

Este ejercicio se concretó en un análisis participativo, donde las participantes compartieron problemáticas de sus territorios, como la falta de acceso al agua en Macharetí o la crisis política y alimentaria en Perú. A partir de estas realidades, se evidenció la necesidad de una comunicación situada, con propósito y orientada a la transformación.

La sesión cerró con un mensaje que sintetiza el proceso vivido: “Mi voz tiene valor cuando la comparto”. Una afirmación que no solo interpela a cada participante, sino que reafirma el poder de la palabra como herramienta colectiva para la incidencia, la defensa del territorio y la construcción de futuros más justos.

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