martes 9 junio, 2026
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Ruth Bautista Durán

Las alternaciones climáticas ocasionadas por fenómenos como El Niño y La Niña intervienen en la propagación de los incendios forestales en Sudamérica. Al alterarse los patrones de lluvia y temperatura, se generan sequías y vientos que derivan en la propagación del fuego, ocasionando pérdidas irremediables de bosques, pastizales, medios de vida, viviendas, y afectando desproporcionadamente a la salud de las personas que habitan y son próximas a estas zonas.

Sin embargo, el fuego tiene diferentes orígenes, intencionados y malintencionados; y también diversos fines, deseados o indeseados. Al respecto son útiles las categorías que propone la Fundación Tierra (2025): 1) quema agropecuaria, 2) quema malintencionada y los 3) incendios forestales, para aproximarnos a las motivaciones, intereses y fines del fuego. Las familias campesinas e indígenas suelen practicar la quema agropecuaria para preparar sus chacos y sembrar los alimentos para su subsistencia; los emprendimientos agropecuarios de diferente escala también practican este tipo de quema para preparar sus suelos; otros grupos realizan quema malintencionada en el contexto de conflictos territoriales, disputas por la tierra, delimitación de linderos, desmonte para pastizales, ganadería o introducción de extensivos cultivos comerciales. El desborde del fuego intencionado o no intencionado, refiere a los incendios forestales que, difícilmente, son sofocados a tiempo, por las propias comunidades, vecinos, bomberos comunitarios, municipales, voluntarios, etc.

Las quemas tradicionales o chaqueos remiten al uso del fuego como una forma de limpiar maleza y fertilizar el suelo, manejo de pastos nativos para la ganadería y el rebrote de algunas especies. Este será un fuego controlado, que organiza los tiempos y lugares adecuados, a través de normas y procedimientos propios, garantizando su no propagación.

Los incendios provocados buscan devastar la tierra y acabar con el bosque para consolidar el desmonte con fines de ganadería extensiva o introducción de especies como la soya, la caña e inclusive, la palma africana. Las quemas malintencionadas se llevan a cabo en la estación seca, aunque por la alteración climática, ambas formas de quema, llegan a coincidir y solaparse.

En ambos casos, la quema tradicional y la quema malintencionada, al desbordarse es la que en los últimos años remite a la problemática de los incendios forestales masivos e intensificados en una temporada del año. Estos incendios forestales determinan las estadísticas, sumamente preocupantes, que muestran a Bolivia como el segundo país con mayor crecimiento de la deforestación en el mundo.

El contexto territorial: el Norte Amazónico boliviano

Según datos de la Fundación Tierra (2025), entre 2019 y 2024, los incendios forestales abarcaron más de 20 millones de hectáreas; y, en el año 2024 se quemaron 12.6 millones. Esta y otras instituciones como CEJIS (2024) explican que los pueblos indígenas son la población más golpeada por los incendios, principalmente, en su seguridad alimentaria, calidad respiratoria y vulneración de su control territorial.

El departamento con mayor extensión de incendios forestales fue Santa Cruz, que alcanzó las 8.503.352 hectáreas, seguido por Beni con 3.498.98 hectáreas, La Paz con 406.667 hectáreas, Pando con 72.174 hectáreas y el resto con proporciones mejores, pero no menos importantes.

De las 12,6 millones de hectáreas de área quemada, 60% son bosques y 40% son pasturas, sabanas y vegetación no boscosa. Entonces, coincidiendo con el fenómeno climático de El Niño y un gran periodo de sequía, han significado la temporada de incendios más destructiva ocurrida en el país. Las consecuencias, además de toda la deforestación que podrían suponer, son económicas, sociales y sanitarias, no sólo en los territorios devastados sino también en grandes capitales como Santa Cruz de la Sierra y Trinidad, que tuvieron que, desde cancelar vuelos hasta atender a miles de personas por conjuntivitis y problemas respiratorios por las enormes cantidades de humo.

Según los datos recabados y haciendo comparaciones, pareciera que el Norte Amazónico, el departamento de Pando y la provincia Vaca Diez de Beni, tuvo una proporción menor de incendios y focos de calor. No obstante, en la memoria territorial de muchas comunidades y familias están inscritos una serie de momentos de desesperación, golpes de calor, movilización, pedidos de ayuda e insumos. Respecto al Beni, el antecedente principal para el crecimiento del área quemada podría remitirse al cambio del Plan de Uso de Suelos (PLUS), en el año 2019, dando paso a la apertura de la frontera agrícola de más de 5 millones de hectáreas para para uso agropecuario extensivo y uso intensivo. Lo cual no ocurrió en Pando, donde pese a la marcada tendencia hacia el conservacionismo con expectativas en el mercado de carbono; también existen algunos indicios de experimentación de la palma africana, la incorporación de cultivos como la soya y un desmesurado desmonte en municipios como Puerto Rico con creciente vocación ganadera.

Una controversia ocurrida en el año 2024, en la Amazonía boliviana, fue que las familias y comunidades indígenas y campesinas esperaban el inicio de las lluvias para chaquear, tal como explica don Carlos Mamío; sin embargo, los chaqueos con fines agropecuarios en escala mayor, ya habían iniciado. Frente a las enormes cantidades de incendios propagados, el gobierno nacional decretó una ‘pausa ambiental’ y muchas familias no lograron hacer el chaqueo para preparar la siembra de sus chacos y cultivar alimentos básico en su dieta como la yuca, el plátano, arroz, frejol y otros. Frente al decreto, las organizaciones campesinas e indígenas iniciaron una serie de bloqueos de caminos, y la audiencia “sensibilizada” por lo desmesurado de los incendios en todo el país, los acusaba de incendiarios, ignorando los usos y costumbres de la región amazónica, y las necesidades de las familias de implementar un chaqueo controlado en un tiempo adecuado.

Nosotros, la quema la hacemos después de una o dos lluvias; entonces, el monte se humedece y nosotros quemamos y sólo se quema lo que hemos chaqueado; en cambio estos incendios, quieren echárnoslos la culpa a nosotros, diciendo que la quema de nosotros es la que acabó con todo.

(Carlos Mamío 2024, entrevista personal)

Más adelante, la Presidenta de la Organización de Mujeres Indígenas del Norte Amazónico de Bolivia (OMINAB), Yakeline Soliz, explicaba que, en el 2025, todavía aprovecharon sus reservas de yuca y plátano, pero que en este año debían chaquear y sembrar, sí o sí porque las inundaciones de abril, no permitieron que su siembra tardía rinda frutos.

Desde el gobierno nacional, la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP), los municipios y otras instancias son sumamente presionados por el descontrol de los incendios; sin embargo, no hay un trabajo acordado con las organizaciones territoriales y en pocos casos se buscan a los responsables del desborde del fuego. Entre las narrativas construidas y reproducidas por una serie de actores que incluyen a ONG, activistas, academia, se ha apuntado a un paquete de decretos y leyes que permiten el desmonte y el fuego, denominadas popularmente como las “leyes incendiarias”, y descargando buena parte de la responsabilidad en los representantes del agronegocio empresarial del oriente y también en las comunidades interculturales (ex comunidades de colonizadores), conocidos por múltiples casos de tráfico de tierras y estar subordinados al modelo de producción que propaga el roza, tumba, quema para implementar amplias áreas para monocultivo como la yoga, arroz, sorgo, entre otros.

Lo que apuntamos es que estas narrativas no siempre se ajustan o son respetuosas de las vivencias en los territorios, ni a la reflexión de las y los múltiples actores rurales. Sus versiones sobre los diferentes orígenes del fuego y los tipos de fuego son muy importantes para alimentar el conocimiento y crítica respecto a los modelos productivos que disputan los recursos naturales, y promueven la quema malintencionada. De alguna manera, en Bolivia se ha construido la crítica hacia los incendios forestales, y también una serie de prácticas como la formación de bomberos voluntarios, búsqueda de recursos, donativos y ayuda para atender a la población humana y animal afectada; pero también, parece que el humo solapa la dinámica agrícola en pequeña escala, aquella que con conocimientos tradicionales ha sabido gestionar el fuego por mucho tiempo.

La región del Norte Amazónico es peculiar en el contexto boliviano, hace más de un siglo y con la extracción industrial de la goma (y ahora de la castaña), se ha consolidado un patrón extractivista que determina la economía y los modos de vida de los diferente segmentos sociales. Pese a los avances en las tecnologías de comunicación su desconexión con el centro político y la atención de los medios de comunicación masivos sobre sus problemáticas es bastante notoria. Algo similar ocurre con toda la población rural del país, que es sujeta de atención de medios, principalmente, en situaciones de conflicto, desastre ambiental o protesta.

Por ello, vemos necesario comunicar la memoria, conocimiento territorial y perspectiva de las familias, de las y los profesionales, académicos y activistas que, desde aproximaciones concretas al territorio, pueden señalar tipos de fuego, intenciones, fines, actores responsables y otros. Es fundamental visibilizar y mostrar perspectiva amazónica en el contexto nacional, precisamente porque la Amazonía es uno de los ecosistemas con mayor presión ecológica y con mayores recursos en disputa.

Necesidad de alternativas, prevención, sensibilización

Desde una perspectiva territorial y agroforestal se discute con las familias productoras la posibilidad de un ‘chaco sin quema’ que, según CIPCA (2024), es una práctica agroecológica sostenible que reemplaza el fuego por la descomposición de la materia vegetal para preparar la tierra, usando Sistemas Agroforestales Sucesionales (SAFS) que imitan el bosque con múltiples estratos para diversificar cultivos, regenerar suelos y conservar humedad.

En los centros de estudio amazónicos, las y los jóvenes sienten inquietud y estudian esta alternativa, experimentan en sus propios chacos y están dispuestos a ofrecer capacitaciones. La reacción de las familias tiene que ver con la carga de trabajo que representa limpiar chacos, con la temperatura acostumbrada en la Amazonía y la falta de mecanización. Existe un proceso de largo aliento para avanzar hacia la consolidación de los Sistemas Agroforestales (SAF) como una alternativa para restituir los bosques, garantizar la seguridad alimentaria y tener una alternativa comercial en base al aprovechamiento sostenible del bosque, y en ese camino, el chaco sin quema es una posibilidad para los chacos más pequeños, y las familias con disponibilidad de fuerza de trabajo.

Mientras tanto, la zafra de la castaña para vender a beneficiadoras locales que exportan, prácticamente todo el producto, sigue siendo uno de los motores más importantes de la economía amazónica. No obstante, en los últimos años se observa una considerable baja de disponibilidad del producto para la recolección. Las familias deben abrir brechas y adentrarse al monte para lograr buenos cocos y buen producto, pero no siempre buenos precios para el gran esfuerzo que implica la recolección, quebrado del coco y traslado de los payoles hacia los puntos de compra-venta de castaña. Este cansancio del bosque y los almendros también muestran los impactos de las alteraciones climáticas y los impactos de los incendios forestales también podrían tener que ver con la poca disponibilidad de almendra, según las familias, no hay animales que, en su servicio ambiental, coadyuven con esta siembra, y aunque se hagan campañas de siembra, no se dispondrá de frutos de forma inmediata.

Las temporadas de incendios y humo en el campo y la ciudad han derivado en la implementación de una serie de iniciativas, la capacitación en cuestiones ambientales, en voluntariado para bomberos y aperturas de zanjas o contrafuegos. De alguna manera, también se está prestando mayor atención a la elaboración y cambio de los PLUS, a la normativa, aunque las multas por incendios no llegan a señalar responsabilidades ni establecer una mejor normativa y amonestación para los actores que inician fuegos de forma malintencionada.

 

Mensaje central y aliados

El fuego inicia desde una voluntad bien o malintencionada, y, entre todas y todos, debemos asumir la responsabilidad de disminuir el impacto que los incendios forestales tienen a nivel social, ambiental y económico. La campaña #EsteFuegoLoApagasTú busca interpelar a cada persona, pequeñas productoras y productores agrícolas, sobre el conocimiento del fuego tradicional, los posibles acuerdos comunales para las temporadas de chaqueo y siembra; y también difundir claves para construir la crítica al modelo de desarrollo que promueve el desmonte, deforestación y ampliación de la frontera agropecuaria en detrimento del bosque y la biodiversidad.

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