jueves 20 agosto, 2026
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Tembipe Chuguay Cuellar

El 14 de agosto el camino hacia Isipotindi se abre entre el monte chaqueño y con él arranca el rodaje del documental sobre la gestión territorial de Yembiguasu. Las cámaras llegan primero al silencio, el de las casas donde esperan las abuelas sabias (Arakuaiyas) guardianas de una memoria que anteceden a las marchas indígenas por la tierra y el territorio.  Hablan despacio, como quien mide cada palabra antes de pronunciarla. Cuentan de la lucha por la tierra, de los años en que el territorio era apenas una promesa que había que sostener con el cuerpo. En Timboycito la escena se repite; otra casa, otra abuela, el mismo hilo de memoria que teje, comunidad tras comunidad, la historia de un territorio que se ganó a pulso.


Luego el rodaje cambia de ritmo. En Tentapuau el aire se vuelve música y polvo de camino; es la fiesta de la Virgen de Urkupiña y toda la comunidad entera se  vuelve anfitriona. Vecinos de Macharetí, la organización se arma casi sin notarse, cada quien sabe su lugar, su tarea, y la cámara registra esa coreografía silenciosa que solo da la costumbre. Fé y organización comunitaria se mezclan en la misma escena, y ahí queda documentado, la fiesta también es territorio.

El camino continúa en dirección hacia el Centro Yembiguasu, donde el registro se vuelve más pausado, casi cotidiano. Se sigue de cerca la rutina de quienes cuidan el centro día a día, el andar entre los corrales, el trato con el ganado, los tiempos que impone el campo. Allí se documentan también las gestiones de la Capitanía en torno al convenio con la UNIBOL Guarani Apiaguaiki Tüpa, que trae hasta Yembiguasu a estudiantes de Veterinaria y Zootecnia. La ganadería comunitaria guaraní, que germinó de la lucha por la tierra, hoy también forma profesionales.

Y sin embargo el rodaje apenas empieza a nombrar todo lo que hay para contar. Hay  muchas experiencias por documentar, voces que todavía no se han grabado, imágenes por captar. Queda la cotidianidad, esa que no tiene fecha ni hora fija, la que se cuela en la cocina, en el patio, en el camino al chaco. Queda la música que acompaña cada encuentro sin pedir permiso. Queda la comida compartida, y con ella el queso, el mate, el maíz, presencia constante en la mesa y en la memoria guaraní, símbolo de un territorio que se siembra y se cosecha igual que se defiende. Todo eso espera todavía frente a la cámara.

Así avanza, comunidad por comunidad, este documental que la Capitanía Zona Macharetí construye junto con el IPDRS. Un intento de dejar constancia, en imagen y palabra, de un territorio que se sostiene con memoria, organización, música y trabajo diario.

“Las cámaras llegan primero al silencio de las casas donde esperan las Arakuaiyas, abuelas sabias y guardianas de una memoria que antecede a las marchas indígenas…”

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