La segunda vuelta presidencia en Brasil, prevista para el 25 de octubre de 2026, no solo decide quién gobernará el país, está en juego el futuro de la Amazonía, los derechos de los pueblos indígenas, las comunidades quilombolas y el uso de los recursos naturales.

En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro obtuvo cera de 56,1 millones de votos y Luiz Inácio Lula da Silva 53,9 millones. La diferencia entre ambos refleja una contienda ajustada, pero también invita a preguntarse qué propone cada candidatura y cómo podrían afectar sus decisiones a los territorios y a las comunidades que los habitan.
Una eventual victoria de Flavio Bolsonaro genera preocupación por sus propuestas de flexibilizar las normas ambientales y frenar nuevas demarcaciones indígenas. Estas medidas podrían debilitar la protección de los territorios colectivos y aumentar las presiones sobre las comunidades que llevan años reclamando el reconocimiento de sus tierras. Lo ocurrido durante el gobierno de Jair Bolsonaro. Cuando no se homologaron nuevas tierras indígenas, es un antecedente que ayuda a entender estas preocupaciones.
La continuidad de Lula tampoco está libre de contradicciones. Durante su gobierno se tomaron acciones de fiscalización ambiental y redujo la deforestación amazónica. Sin embargo, su gobierno también ha apoyado la explotación petrolera. Esto deja una pregunta ¿cómo proteger los territorios si al mismo tiempo, se sigue apostado por actividades extractivas?
Esta pregunta atraviesa el capítulo sobre Brasil del Décimo Informe Anual que el IPDRS publicó a principios de este año, escrito por Djoni Roos, Jorge Montenegro, Lina María Hurtado Gómez y Mercedes Solá Pérez. En su análisis, los autores hablan sobre las dificultades que enfrentan los pueblos indígenas y las comunidades quilombolas para lograr el reconocimiento de sus territorios para garantizar sus derechos. Precisamente, en el régimen de Bolsonaro (padre) hubo una regresión de estos derechos que fueron recobrándose con Lula, no se espera algo mejor de Bolsonaro (hijo).

El análisis que realizan los autores del capítulo de Brasil ayuda a comprender lo que sucede más allá de su contexto nacional. Sus reflexiones permiten reconocer problemas que también atraviesa otros países sudamericanos, como la concentración de la tierra, el avance de las actividades extractivas y las dificultades para garantizar los derechos territoriales.
Atender a lo que ocurre en Brasil ayuda a entender mejor los desafíos de la región sudamericana frente al resto del mundo. Aunque cada país tiene su propia realidad, experiencias y análisis una mirada a la geopolítica nos ayuda a recordar que mucho de lo que ocurre en Brasil, se convierte en modelo para el resto de los países y en última instancia, la disputa por los recursos y bienes naturales atraviese países, mercados y territorios habitados por población campesina, indígena y afrodescendiente.




