miércoles 16 septiembre, 2026
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Nuris Poma Catacora

En el marco del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores 2026, y del curso de Interaprendizaje IPDRS “Socioeconomía del pastoreo, la crianza animal y los pastizales”, esta semana se abordó el tema de biodiversidad y sostenibilidad de los pastizales y fuentes de agua, de la mano de la bióloga Dina Farfán Flores, directora de la Asociación para la Conservación y Estudio de Montañas Andinas Amazónicas (ACEMAA) y especialista con más de 15 años de experiencia en ecosistemas de montaña.

Durante la clase, Farfán planteando la necesidad de analizar la biodiversidad con un enfoque sistémico. Explicó que evaluar un ecosistema desde una sola disciplina o especie impide comprender la totalidad de las interacciones que ocurren en un paisaje, y recurrió al ejemplo de las cadenas tróficas, desde relaciones simples entre una planta, un roedor y un carnívoro, hasta redes mucho más complejas, para mostrar cómo la afectación de un solo elemento repercute en todo el sistema. Tomo de ejemplo el caso del pez león en el Golfo de México, una especie exótica que, al no tener depredadores naturales, se volvió un problema de conservación que solo puede abordarse entendiendo el mercado, la ecología y los ciclos reproductivos de la especie, y no atacando únicamente al pez en sí.

Tema 2, Socioeconomía del pastoreo, la crianza animal y los pastizales.

Los paisajes andinos como territorios construidos por las comunidades

Uno de los ejes centrales de la sesión fue la idea de que los paisajes andinos no son espacios naturales. Como indica la facilitadora, “los paisajes andinos no son paisajes naturales, son paisajes sociológicos”, resultado de milenios de manejo a través del pastoralismo, la andenería, la agricultura y los sistemas de riego. En esa línea, subrayó que las comunidades pastoriles, con su organización social, formas de tenencia de la tierra y roles de género, son parte constitutiva de estos ecosistemas, y que ninguna estrategia de conservación puede diseñarse ignorando esa relación. Puso como ejemplo a las comunidades pastoras de alta montaña donde solo permanecen las mujeres: su forma de manejar los humedales y camélidos, sus limitaciones de movilidad y su falta de derecho formal sobre la parcela, indico, que son factores que cambian por completo cómo debe entenderse y gestionarse ese territorio.

Además, profundizo en dos conceptos que, según explicó, permiten superar la idea de que el proteccionismo estricto es la única forma de conservar la biodiversidad:

Los sistemas de uso, plantea que los recursos pueden aprovecharse siempre que se garantice que ese uso sea sostenible en el tiempo, como ocurre con los recolectores de castaña en la Amazonía peruana que han pasado de solo recolectar a manejar activamente la salud de los árboles.

La ecohidrología, integra de forma transdisciplinaria las interacciones entre lluvia, suelo, vegetación y clima, un enfoque que Farfán calificó como necesario frente a un cambio climático que ha vuelto menos predecibles los ciclos de lluvia y sequía de los que dependen pajonales, bofedales y turberas, al punto de que prácticas tradicionales como la cosecha de agua o el cercado de pastizales ya no bastan para garantizar que estos ecosistemas se regeneren.

Investigación participativa y conocimiento local para la gestión de los territorios

Farfán insistió también en que la investigación sobre estos territorios no puede hacerse solo desde el punto de vista del investigador. Según indicó, “la investigación sea participativa, que se pueda construir preguntas en conjunto sobre la biodiversidad, sobre las dinámicas hídricas, sobre el clima”, de manera que sean las propias comunidades quienes generen sus acciones de adaptación y resiliencia, en lugar de que investigadores o administradores estatales les indiquen qué hacer. Añadió que esta articulación entre conocimiento local y políticas públicas sigue siendo una tarea pendiente, ya que actualmente las políticas, muchas veces sectoriales, centradas solo en el agua o solo en la biodiversidad, se definen sin espacios reales de encuentro con el conocimiento de los usuarios del territorio.

Tema 2, Socioeconomía del pastoreo, la crianza animal y los pastizales.

Como caso concreto de este enfoque, la facilitadora presentó el centro de investigación participativo en sistemas pastoriles que dirige junto a ACEMAA, reconocido como sitio demostrativo de ecohidrología de la UNESCO. Se trata de un sistema de monitoreo ecohidrológico distribuido en cerca de 25.000 hectáreas entre tres comunidades altoandinas, donde se han instalado 14 estaciones de cámaras trampa junto a puntos de medición de clima, caudales y cobertura vegetal. Todo el diseño de este sistema fue co-construido junto a las comunidades a partir de sus propias preguntas de investigación, y son mujeres pastoras quienes cumplen el rol de monitoras e instructoras del centro, guiando tanto a investigadores como a grupos de capacitación.

El curso cuenta con el apoyo de Brot für die Welt, ILC América Latina, Humundi, ACEMAA, International Year of Rangelands and Pastoralists y Pastoraméricas.

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