miércoles 19 agosto, 2026
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Nuris Poma Catacora
Foto Letizia Bindi

Cuando pensamos en pastoreo, es frecuente asociarlo principalmente con la crianza de animales y con aspectos como la alimentación, reproducción, sanidad o producción de carne, leche, lana y fibra. Sin embargo, esta actividad comprende mucho más. En distintos territorios rurales, la crianza animal forma parte de las estrategias económicas de las familias, contribuye al autoconsumo y a la generación de ingresos, y mantiene una relación estrecha con los pastizales, el agua y otros recursos del territorio.

Por eso, preguntarse qué significa pastorear implica mirar más allá del animal.

Una actividad económica y territorial

El pastoreo está vinculado con decisiones cotidianas sobre qué animales criar, cómo alimentarlos, cuándo venderlos, qué productos destinar al consumo familiar y cómo enfrentar los costos de sanidad, alimentación o transporte. Estas decisiones no ocurren de manera aislada. Dependen de las condiciones del territorio, la disponibilidad de pastizales y agua, el acceso a mercados y las posibilidades económicas de cada familia.

Los pastizales cumplen un papel fundamental en estos sistemas. Cubren alrededor de la mitad de la superficie terrestre del planeta y sostienen la biodiversidad, medios de vida y actividades económicas rurales. La FAO estima que alrededor de 2.000 millones de personas dependen de los pastizales para sus medios de vida, entre ellas comunidades pastoriles, pequeños productores ganaderos y agricultores.

En 2026, esta discusión cobra especial relevancia con la celebración del Año Internacional de los Pastizales y los Pastoralistas, promovido por Naciones Unidas y la FAO para visibilizar la contribución de los sistemas pastoriles y los desafíos que enfrentan.

¿Qué conocimientos reconocemos?

Quienes crían animales desarrollan, a partir de la experiencia, conocimientos sobre el comportamiento de los animales, las condiciones del territorio, los ciclos climáticos, la alimentación y las formas de responder ante enfermedades o dificultades. Esta dimensión permite cuestionar una idea frecuente en los procesos de desarrollo rural: que la innovación consiste únicamente en introducir nuevas tecnologías o conocimientos técnicos.

Un ejemplo boliviano puede encontrarse en la investigación de Jhaquelin Dávalos, La Oveja Cara Negra. Un estudio sobre educación y modernización de la crianza de ovejas en el altiplano boliviano. La investigación analiza la introducción de la raza Hampshire y las tensiones que pueden surgir cuando las propuestas de modernización no dialogan suficientemente con las condiciones del territorio ni con los conocimientos de quienes realizan cotidianamente la crianza. 

Portada del libro “La Oveja Cara Negra.”

Como señala Ruth Bautista en su reseña publicada por el IPDRS, la experiencia también permite observar el papel de las mujeres uywiris, cuya relación cotidiana con los animales expresa conocimientos y prácticas de cuidado que no siempre son reconocidos en los espacios formales de capacitación.

El caso no plantea una oposición simple entre tradición y modernidad. Más bien invita a preguntarnos cómo pueden dialogar distintos conocimientos para construir alternativas adecuadas a cada territorio.

Una mirada más amplia sobre el pastoreo

El pastoreo también está atravesado por cambios económicos, ambientales y sociales. El cambio climático, la disponibilidad y calidad de los pastizales, las transformaciones de los mercados, las condiciones de acceso a recursos y los cambios generacionales plantean nuevos desafíos para las familias pastoriles.

Frente a esta complejidad, comprender el pastoreo requiere una mirada que conecte diferentes dimensiones: la crianza animal, la economía familiar, los mercados, los territorios, los pastizales, los conocimientos locales y las relaciones sociales. Esta es precisamente la perspectiva de la socioeconomía del pastoreo: comprender cómo se relacionan las actividades económicas con las formas de vida y las condiciones territoriales en las que se desarrollan.

Del animal al territorio

Mirar el pastoreo más allá de la crianza no significa dejar de hablar de animales. Significa comprender que detrás de cada rebaño existen personas, conocimientos, decisiones económicas, territorios y ecosistemas. También significa reconocer que mejorar la crianza no puede reducirse únicamente a aumentar la productividad; implica preguntarse qué se produce, para quién, bajo qué condiciones, con qué conocimientos y con qué efectos sobre el territorio y las familias que dependen de él.

Desde esta perspectiva, Interaprendizaje IPDRS invita a participar en el curso virtual sincrónico “Socioeconomía del pastoreo, la crianza animal y los pastizales”, un espacio de formación e intercambio para profundizar en las dimensiones económicas, sociales y territoriales que atraviesan los sistemas pastoriles.

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