miércoles 11 marzo, 2026
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Por Nuris Poma, Técnica de proyectos y procesos multidisciplinarios IPDRS.

En los últimos años, la educación virtual se ha consolidado como una herramienta importante para ampliar el acceso a procesos de formación, intercambio de conocimientos y fortalecimiento de capacidades. Sin embargo, cuando estos procesos buscan llegar a territorios rurales, la conectividad continúa siendo uno de los principales desafíos.

Desde el área de Interaprendizaje del Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica (IPDRS), a través de los distintos cursos virtuales impulsados en los últimos años con la participación de profesionales, especialistas, productores, líderes y lideresas comunitarias, jóvenes rurales y público en general de la región, se ha podido observar que el acceso a internet no siempre garantiza una participación plena en los procesos formativos.

Durante el desarrollo de estos espacios de formación, muchas personas participantes provenientes de comunidades rurales logran conectarse únicamente mediante datos móviles, con señal inestable o limitada. En algunos casos, deben trasladarse hacia centros poblados o buscar lugares específicos dentro de su comunidad donde la señal sea más fuerte para poder participar en sesiones virtuales o descargar materiales de aprendizaje.

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2024 muestran que el 76,3% de los hogares en Bolivia cuenta con acceso a internet, ya sea a través de conexión fija o móvil. Sin embargo, la desigualdad es aún más marcada cuando se observa el tipo de conexión disponible. El acceso a internet fijo, que generalmente ofrece mayor estabilidad y velocidad para actividades como educación virtual o trabajo en línea, alcanza al 55,5% de los hogares urbanos, pero apenas al 4,5% en el área rural.

En consecuencia, la mayoría de las comunidades rurales dependen principalmente del internet móvil, que alcanza al 76% de la población en las ciudades y al 52,7% en el área rural. No obstante, en muchos territorios este tipo de conexión presenta limitaciones de cobertura, velocidad o costo.

La brecha digital también se manifiesta en el acceso a dispositivos tecnológicos. Mientras que cerca del 47,6% de los hogares urbanos dispone de computadoras o tabletas, en el área rural esta proporción se reduce a aproximadamente 9%, lo que significa que gran parte de la población rural accede a internet exclusivamente a través de teléfonos celulares.

En este contexto, el teléfono móvil se ha convertido en la principal puerta de entrada a la conectividad en Bolivia. De acuerdo con los datos del mismo censo, el 90,6% de los hogares del país cuenta con al menos un teléfono celular, lo que explica por qué muchas actividades digitales incluyendo procesos de formación virtual, se desarrollan principalmente a través de este dispositivo.

Estas dinámicas ya habían sido advertidas en el estudio “Acceso a internet y ruralidad. El caso de Macharetí en Bolivia”, elaborado por el IPDRS en coordinación con la Capitanía Guaraní de Macharetí. El estudio, publicado en 2019, surgió a partir de la necesidad de comprender cómo se accede y utiliza el internet en territorios rurales donde no existen fuentes locales de información sistemática sobre el tema.

La investigación planteó un doble desafío: conocer las condiciones de acceso y uso del internet en el municipio de Macharetí y, al mismo tiempo, comprender las dinámicas territoriales propias de estas comunidades, como la movilidad permanente entre áreas rurales y urbanas o la denominada “doble residencia”. Estos factores muestran que la realidad digital en territorios rurales es más compleja que la simple distinción entre lo urbano y lo rural.

Las experiencias recogidas en los procesos de formación virtual del IPDRS, junto con los datos disponibles a nivel nacional, sugieren que si bien Bolivia ha experimentado avances importantes en cobertura de internet durante la última década, la conectividad en áreas rurales continúa enfrentando limitaciones relacionadas con infraestructura, costos del servicio, acceso a dispositivos y calidad de la señal.

En este escenario, comprender las condiciones reales de conectividad en el país se vuelve clave para diseñar procesos de formación digital que respondan a las realidades territoriales y contribuyan a reducir, y no profundizar, la brecha digital entre áreas urbanas y rurales.

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