martes 31 marzo, 2026
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Por Luigi Giordano

El XII Encuentro por la Tierra y el Territorio, que conmemora la décima edición del Informe Anual sobre Acceso a la tierra y territorio en Sudamérica, consolidó una década de pensamiento crítico situado sobre Sudamérica. Durante tres días, compartimos el contenido de cada capítulo y contamos con los comentarios de Roberto Espinoza (Perú), Liliana Buitrago (Venezuela) y Raúl Zibechi (Uruguay).

En un contexto marcado por el debilitamiento institucional y la creciente brecha entre las normas y las prácticas, el evento resaltó que hablar de la tierra hoy es desentrañar la arquitectura del poder del siglo XXI. Los territorios han dejado de ser vistos como lugares meramente rurales para convertirse en espacios críticos donde convergen el clima, la energía y las finanzas globales, posicionándose como el lugar donde se define el futuro de la democracia y la sostenibilidad de la vida.

Tres jornadas de reflexión y acción territorial

En la primera jornada, titulada “Poner la tierra y los territorios en el centro”, Roberto Espinoza destacó un giro estratégico fundamental: el paso de la demanda hacia la auto-demarcación y el autogobierno. Para Espinoza, los pueblos ya no esperan pasivamente la titulación de un Estado que incumple sus obligaciones, sino que asumen la gestión directa de su educación, salud y justicia, afirmando sus propias cartografías ancestrales bajo la premisa política de “estar dentro pero en contra” de los mecanismos de financiamiento climático, para evitar su captura por burocracias corporativas.

Durante el segundo día, bajo el eje “Sujetas y sujetos rurales y geopolíticos en movilización”, Liliana Buitrago aportó una mirada ecofeminista esencial, alertando sobre la “fragmentación sistemática” de la vida que impone la geopolítica de los minerales críticos y el control tecnológico. Buitrago propuso transitar hacia una “ecopolítica situada” que reconozca los cuerpos y territorios como un tejido inseparable, haciendo frente a la “conquistualidad” y la captura corporativa de los Estados. Su análisis advierte que las llamadas “transiciones energéticas” a menudo funcionan como una expansión de las zonas de sacrificio, mercantilizando la naturaleza bajo discursos verdes sin cuestionar realmente el modelo de consumo del Norte global.

Finalmente, en la tercera sesión, denominada “Propuestas frente a la crisis climática como mecanismo de reconfiguración de escenarios”, Raúl Zibechi planteó la poderosa metáfora de los territorios como “Arcas de Noé”. Estas comunidades emergen como zonas de refugio, resistencia y memoria histórica fundamentales para sobrevivir al “diluvio” del modelo extractivista, preservando la vida frente al agotamiento del neoliberalismo y el estatismo tradicional. Según Zibechi, el comunalismo se posiciona como la respuesta vital para la pervivencia de la humanidad en este complejo escenario regional.

Conclusiones: aprendizajes y desafíos que quedan

En conclusión, el Encuentro reafirmó un “optimismo crítico” que se nutre de la potencia de las experiencias de base documentadas durante esta década. Como señalaron los comentaristas a lo largo de las tres jornadas, el reto actual no es solo resistir la desposesión burocrática o violenta, sino fortalecer lo colectivo y la capacidad de las comunidades para retejer sus vínculos colectivos. La apuesta del IPDRS sigue siendo clara: consolidar esta plataforma regional para que los pueblos indígenas, campesinos y afrodescendientes sean reconocidos como sujetos geopolíticos centrales en la defensa de la vida.

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