A una década de la firma de su Tratado Constitutivo, UNASUR atraviesa una profunda crisis institucional que pone en evidencia las limitaciones de los proyectos de integración regional en Sudamérica, especialmente en relación con el desarrollo rural. La paralización de sus instancias orgánicas, el retiro temporal de varios países miembros y la ausencia de una conducción política efectiva reflejan una visión de corto plazo en la diplomacia regional, subordinada a ... Leer más
A una década de la firma de su Tratado Constitutivo, UNASUR atraviesa una profunda crisis institucional que pone en evidencia las limitaciones de los proyectos de integración regional en Sudamérica, especialmente en relación con el desarrollo rural. La paralización de sus instancias orgánicas, el retiro temporal de varios países miembros y la ausencia de una conducción política efectiva reflejan una visión de corto plazo en la diplomacia regional, subordinada a intereses nacionales inmediatos y a disputas ideológicas. En este contexto, se desaprovechan las enormes potencialidades de la región en materia de alimentos, biodiversidad y agua dulce, mientras persisten procesos de sojización, expansión de transgénicos, deterioro ambiental y precarización del trabajo rural. La falta de una agenda común orientada a la soberanía alimentaria, la dignificación de la producción campesina e indígena y la gestión sostenible de los territorios revela la incapacidad de UNASUR para constituirse en un instrumento efectivo de articulación regional, profundizando la fragmentación política y limitando la construcción de un proyecto sudamericano de desarrollo rural sostenible.
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