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Al igual que la mayoría de los territorios indígenas de la Amazonía, estos dos arrastran, hace varios años, el abandono estatal en cuanto a la atención sanitaria. La precaria situación se evidencia con la falta de personal médico, equipamiento y medicamentos. Ante este escenario, y ante la llegada del COVID-19, los indígenas se curaron de la medicina tradicional.

Fotos: Manuel Seoane y Juan Carlos García.

Por: Karen Gil

Cuando Juana Bejarano sintió los primeros síntomas del coronavirus, ni se le pasó por la cabeza ir al centro de salud de primer nivel de Bermeo, su comunidad. Ella sabía que este no contaba con medicamentos ni equipamiento para tratarla, al igual que la mayoría de los establecimientos de salud del Territorio Indígena Mojeño Ignaciano (TIMI) y del Territorio Indígena Multiétnico (TIM), de municipio beniano de San Ignacio de Moxos.

Doña Juana es presidenta de la subcentral del TIMI, y desde que llegó la pandemia al país insistió en demandar a las autoridades estatales el equipamiento para los centros de salud; sin embargo, como no hubo una respuesta, ella y los demás dirigentes promovieron el uso de la medicina tradicional para tratarse. En ese afán Bejarano contrajo el virus que se tradujo en dolor de huesos, ardor de garganta, pérdida del olfato y tos, síntomas que combatió con mate de eucalipto, limonada y jengibre. Así se curó, aunque siente que su salud decayó debido a la enfermedad.

De acuerdo con la información proporcionada por la Alcaldía de San Ignacio a la que accedió el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), el TIMI –que aglutina 19 comunidades indígenas, que reúnen a 602 familias– cuenta con 10 infraestructuras médicas, pero la mayoría no tiene la cantidad necesaria de personal médico. Según los datos, nueve recintos cuentan con un médico, un enfermero y un encargado de farmacia; sin embargo, la realidad es distinta: hay un número menor de funcionarios y se requieren más ítems.

“Dentro del territorio tenemos dos doctores, pero que ni abastecen esos dos doctores; nos faltan más. Reclamamos, pero no nos han oído. Por lo menos podríamos tener cuatro ítems de enfermeros y un odontólogo, porque hace falta eso”, explica doña Juana.

Si bien Bermeo tiene un centro de salud de primer nivel (que fue inaugurado en 2018), este no está equipado. Hasta hace unos días este recinto apenas tenía un catre para internación, con un colchón de paja que los mismos comunarios donaron, y esta semana recién obtuvo una cama para el área de maternidad.

“Hemos pedido que nos doten de un catrecito con su colchón de paja porque algunas hermanas de comunidad van a desembarazarse ahí y el doctor no sé cómo atenderá a esas mujeres. No debería ser así; si tenemos un centro de salud, debería estar equipadito”, demanda.

La situación no es diferente en el TIM –territorio que agrupa a 26 comunidades y 946 familias–, que apenas tiene 10 centros médicos. Si bien el TIM tiene microhospitales en dos de las comunidades más grandes, su equipamiento es deficiente. Por ejemplo, el hospital de Monte Grande solo cuenta con un tubo de oxígeno con accesorios, según la información proporcionada por la página web del Ministerio de Salud.

Es decir, si más de un comunario tiene problemas para respirar por sí solo –síntoma principal del coronavirus en etapa avanzada–, no podrá ser atendido en ese lugar y tendrá que viajar por cuatro horas hasta llegar al centro COVID-19 del poblado de San Ignacio de Moxos.

 

Tres problemas en el sistema sanitario

Las autoridades, tanto de la Gobernación del Beni como las del municipio de San Ignacio, reconocen que el sistema sanitario en los territorios indígenas sobrevive con tres deficiencias: equipamiento, infraestructura y personal.

“Nuestros establecimientos de salud son bien precarios en la parte de infraestructura y equipamiento. En la pandemia no hemos tenido un aporte bueno de equipos de bioseguridad, han sido donaciones que nos han llegado. En lo posible, la Alcaldía nos ha entregado un equipamiento, pero ha sido insuficiente”, explica el responsable de la Red 02 de San Ignacio de Moxos, Luis Alberto Cruz.

La autoridad detalla que con el programa “Mi Salud”, dependiente del Ministerio de Salud, en la anterior gestión se dotó de contratos para médicos, pero afirma que en algunos centros solo se cuenta con un auxiliar en enfermería. “En la parte del TIMI falta dotar de médicos y personal de salud”, dice.

Según la información que presenta la cartera de Salud en su página web, el TIMI tiene nueve médicos, la misma cantidad de enfermeros y farmacéuticos, pero la realidad es otra. De acuerdo con la subcentral del TIMI, en ese territorio no hay ni un solo farmacéutico, versión que es corroborada por el médico de Bermeo, Juan Carlos García, quien afirma: “Entre el auxiliar de enfermería y yo nos turnamos para atender la farmacia. Así pasa en todos los centros de salud”.

Además, las postas de salud no cuentan con médico ni enfermero, como afirma el Ministerio de Salud, solo tienen a un auxiliar en enfermería.

“Faltan ítems para enfermeros; además, en todo el territorio tenemos dos doctores, que ni abastecen. Necesitamos más”, dice doña Juana Bejarano.

El dirigente de la Central de los Pueblos Étnicos Mojeños de Beni (CPEM-B), Miguel Ángel Uche Uche, asegura que las autoridades indígenas demandaron desde 2015 una treintena de ítems para los territorios indígenas de Moxos, pero estos nunca llegaron. Además, la mayoría de los médicos y auxiliares en enfermería trabajan con contratos temporales, por lo que no tienen estabilidad laboral.

Según datos proporcionados por la unidad de Salud del municipio, el equipamiento en los centros médicos es escaso, y el 80% fue donado en años pasados por organismos internacionales como Usaid, Unicef, JICA, entre otros. Sin embargo, el titular de esta oficina, Joel Aguirre, asegura que en los últimos años la comuna ha invertido para dotar de otro tipo de equipos.

Otro problema que arrastra la situación sanitaria en el TIM y TIMI es la falta de medicamentos. Este escenario se dificulta más porque los pocos insumos médicos que hay en el lugar no llegan a todos los comunarios debido a que muchos indígenas no tienen certificado de nacimiento, y por lo tanto no pueden beneficiarse del Sistema Único de Salud (SUS).

Territorios desamparados en pandemia

El abandono de los territorios indígenas se hizo más visible con la llegada del coronavirus al país, ya que los ojos y la atención de las autoridades se concentraron en las ciudades y en los centros más poblados, donde el sistema sanitario colapsó.

Ante esta situación, las organizaciones indígenas tuvieron que tomar acciones propias, como cerrar sus trancas y evitar que los comunarios visiten otras poblaciones; además, se concentraron en solicitar donaciones de equipamiento y medicamentos a organizaciones no gubernamentales.

Una de las quejas de las autoridades indígenas es que se replegó a los médicos en las comunidades a San Ignacio. El responsable de la Red 02, dependiente de la Gobernación, admite que los galenos fueron trasladados al área urbana para que estos coadyuvaran con las labores contra el coronavirus: “El trabajo que se ha realizado es tener a los auxiliares en enfermería, y a los médicos los hemos llevado al área urbana”, confirma Luis Alberto Cruz.

El investigador del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) Martín Torrico relata que existieron denuncias de que se sacaron medicamentos de las comunidades hasta los establecimientos de las trancas, donde había mayor afluencia enfermos.

“Por sentido de solidaridad los comunarios dejaban (que esto sucediera), pero no era correcto. Si había un brote mucho más fuerte, ellos iban a estar desbaratados y desguarnecidos. Insistíamos en que sean equipados, pero no fue así”, asegura.

Estas denuncias fueron confirmadas por Cruz, quien señaló al municipio –que es el encargado de dotar de insumos a los primeros y segundos niveles de salud– como el responsable de esta deficiencia. “Prácticamente los establecimientos han estado desabastecidos de medicamentos, ni siquiera para manejar lo básico y la pandemia, por eso la población acudió a la medicina tradicional”, explica el responsable.

Ante esta carencia, y gracias a las gestiones realizadas por las autoridades indígenas, llegaron importantes donaciones de medicamentos, mientras que el municipio coadyuvó con el transporte de estos insumos hasta San Ignacio, y en algunos casos hasta las comunidades más cercanas.

La medicina del monte

Paulina Noza se enfermó con coronavirus al igual que sus cuatro hijos y su esposo. Ante el síntoma de la fiebre ella preparó un mate a base de hoja de tabaco y otros remedios naturales, mientras que para quitar el dolor de estómago preparó una infusión de toronjil, miel de abeja y limón.

Al igual que todos los comunarios que contrajeron el virus, Paulina acudió a la medicina tradicional para sanarse, la que también evitó que las personas se enfermaran aún más e incluso que murieran.

Si bien no se cuenta con datos oficiales de contagios dentro de los territorios indígenas, las autoridades explican que la mayor parte de sus habitantes contrajeron el virus debido al ingreso de varios foráneos que iban a cazar o pescar durante las noches, evadiendo las trancas indígenas.

Por ello, para evitar que los casos avancen, los dirigentes promovieron el uso de los medicamentos tradicionales. Es así que Paulina, quien es la presidenta de la Organización de Mujeres del TIM, y una técnica de Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS) sistematizaron la receta de al menos 30 remedios caseros que fueron proporcionados a las comunidades.

Además, la dirigente, que aprendió a elaborar los remedios, vendió jarabes a precios módicos dentro de las comunidades y del centro poblado.

Los indígenas aseguran que la medicina tradicional no solo les previno contra el COVID-19, sino que sanó a las personas que habían contraído el virus, y que por ello los diferentes gobiernos deberían valorar y reconocer la sabiduría ancestral.

“El Estado se ha olvidado de la medicina tradicional porque no hay una promoción de nuestros remedios caseros. No tenemos un proyecto para promocionarla”, denuncia Noza.

Una de las demandas al Estado es que reconozca la labor de los médicos tradicionales otorgándoles ítems y un espacio dentro de los centros de salud, pero este anhelo no se concretó hasta ahora.

El año pasado se inició la capacitación y trámites para que unas 100 médicas tradicionales –sobre todo parteras– sean certificadas por el Ministerio de Salud, sin embargo, este proyecto quedó trunco.

“Estamos esperando desde hace cuatro años, decían que iban a llegar ítems para los médicos tradicionales. Hemos estado esperando con ansias”, afirma Cruz.

Noza tiene fe de que cuando el TIM obtenga su autonomía, proceso en el que se encuentran, se promoverá el uso de los saberes ancestrales y de la medicina tradicional, la cual se basa principalmente en productos que se elaboran en el territorio nacional o que el bosque les ofrece.

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